La política va de conciertos

¿Quién dijo que los jóvenes pasan de la política? ViñaRock 2012, con más de 60.000 asistentes, ha estado repleto de simbología política e ideales de lo más variopinto unidos por el lenguaje más hermoso y universal, la música.

No es de extrañar en realidad, ya que muchos de los grupos y cantantes que vemos sobre los cuatro escenarios del festival componen sus letras en base a unos ideales, radicales o no, pero basados en el dolor por el bienestar de España. Quien dijo que ese entusiasmo se había perdido con autores del 98 como Unamuno, Valle Inclán, Machado o Maeztu, se equivocaba.

En el recinto se podían ver desde banderas de Andalucía Independiente o de España republicana, hasta puños levantados haciendo honor al utópico comunismo y símbolos anarquistas, todos mecidos por esas melodías acompañadas de letras que reivindican una política mejor y el fin de problemas como el maltrato, la desidia, el pasotismo generalizado, las prohibiciones o los altos impuestos. Pero sobre todo, lo que más se respiraba allí era el deseo de acabar con el sistema. Ese que nos tiene enjaulados en un mundo de hipocresía, el que se alimenta del dinero y de los trabajadores… Ese que alguien inventó sin conocer las futuras consecuencias.

Nuestros señores políticos deberían preguntarse por qué cada vez hay más gente con ideales políticos que rozan lo radical, y cada vez menos que apoyan sus formas basadas en movimientos que casi parecen fósiles vivientes en una sociedad moderna que avanza en unos sentidos, y retrocede en otros…

Que conste que no estoy de acuerdo en bordar a la bandera de Andalucía una estrella roja, que creo que la república no es estrictamente necesaria y que la idea de comunismo me parece la misma que la de que venga un hada y me toque con su gracia, pero al fin y al cabo, son ideales que demuestran, en cierto sentido, la preocupación por España, y en el más estricto, la desinformación de los jóvenes ante semejantes ideas, ya puestas en práctica en otros países como en Rusia o China que no es que estén mucho mejor que nosotros…

Asimismo, al margen de la ideología que podamos tener cada uno, es bonito ver de vez en cuando a personas que, de un modo u otro, se preocupan por el bienestar social y no solo se dedican a criticarlo todo o a defender a un partido u otro, porque esto ya resulta cansino.

En mi opinión, prefiero ver cómo defienden la anarquía cuatro adolescentes en un parque, a ver cómo muchas personas quieren que salga siempre el mismo partido porque sacan beneficios de ello, o porque simplemente han sido educados así, sin barajar otras posibilidades y cegados ante la maldad que esta misma puede llegar a producir, sin querer ver realmente si hay algo dañino en lo que votan, o no.

De cualquier modo… ¡Que viva la diversidad de ideales!

Antes de acabar con este artículo, dejo una pregunta en el aire, ¿veremos algún día una bandera de España ondeando entre tantas otras en un evento que no sea un partido de la Selección?

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